martes, 15 de noviembre de 2016

¡No lo busques!

Es una canción perfecta para bailar, es una bebida refrescante y a la vez fuerte que es capaz de acelerarme los sentidos, darme alegría o matarme de una vez.

Hace ocho años estaba perdidamente enamorada, de quien hasta ese entonces sería el amor de su vida hasta los últimos segundos de su existencia. Se había apoderado de su mente y corazón, era el dueño absoluto de su ser, era correspondida y era feliz. 

El amor era tan grande que parecía no romperse nunca, y se dañó. Le duró tres años para ser exactos, y le dolía el alma al no tenerlo más. Su amor se había ido.

Pasó otros cuatro años más llorando, equivocándose y rogando un regreso, el mismo que gracias a todo el universo no sucedió. Pasó cuatro años esperando, cuatro años en pausa, sin prisa. A veces intentando hasta darse por vencida fácilmente, ya se había rendido por no pasar, ni hacerle pasar malos ratos a nadie. 

Y llegó, cuando dejaba de buscar, cuando estaba acostumbrada a su soledad y tranquilidad, a disfrutar el tiempo para ella, llegó. 

Llegó sin hacer mucho ruido ni movimientos bruscos, llegó con pasos lentos y mirada firme. Llegó a sacudir su vida y a quitar todas las espinas, llegó para darle un abrazo y unir todos sus pedazos rotos. Llegó para no quedarse y no le importaba, pero llegó y la hizo feliz otra vez.

Le dio alegría y las primeras emociones nuevamente, los nervios, las cosquillas y vivir lo que hace ocho años no le pasaba. 

"Es una canción perfecta para bailar, es una bebida refrescante y a la vez fuerte que es capaz de acelerarme los sentidos, darme alegría o matarme de una vez." decía.

Todo llega a nuestras vidas en el momento adecuado y preciso, sin anunciarse, sin avisarte sólo llega y todo cambia. 

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